Envases (columna revista Babia, 2007)

Babia 2008-10-16
Hace unos años tomaba un café con una ex compañera del secundario. Hablábamos de cómo se había ido consolidando el grupo de ex compañeras que se siguen viendo todavía, al que ella pertenece y yo no. Mi ex compañera dijo que estaba agradecida de pertenecer al grupo, un lugar de contención más allá de la familia. Yo lamenté haberme quedado afuera y le eché la culpa a mi repentino retraimiento durante los últimos años de secundario; siempre estaba sola o entrenándome para correr carreras de larga distancia en el club River.
—No, dijo mi ex compañera. No fuiste vos la que se quedó afuera. Fuimos nosotras. No te integramos. A vos nadie te quería. Porque vos eras flaca.
En ese momento sentí la disociación entre una imagen de mi envase y yo. Mido 1,70 mts y en aquella época pesaba 41 ks. El adjetivo “flaca” se quedaba corto. Y el fichero de mi psiquis archivó más tarde, después de que merced a mucha terapia “destapé” un bloqueo en mi memoria, que aquella delgadez (¿desnutrición?) había tenido lugar a raíz de lo que más tarde se declaró enfermedad y se denominó anorexia, y que padecí por culpa de un trauma emocional.
Estamos hablando de nuestros cuerpos como envases.
En aquel momento mi envase y yo no nos llevábamos muy bien que digamos. Inconcientemente lo castigué por responsabilizarlo por lo que me había pasado y lo obligué a transformarse en algo que produjera indiferencia en aquel que lo observa y así quedar protegida.
Veinte años más tarde me enteré de que no logré indiferencia entre mis compañeras de secundario, ellas se apropiaron de la imagen de mi envase él de la manera en que dispusieron y no de la que yo había pretendido. ¿No es buenísima prueba de que nuestro envase es una representación forjada por el que lo ve? Esa imagen no tiene una realidad única ni continua sino que es reproducida a cada instante por el que la contempla. Incluso por nosotros mismos. La historia de Narciso habla de la dificultad y el anhelo con que los humanos buscamos algo estable en nuestra imagen, una huella de identidad, aun en lo que cambia permanentemente y nos engaña. Pero no. En el espejo descubrimos que la imagen de nuestro envase es algo separado de nosotros, no nos pertenece. Sin embargo, nuestra vida sucede ahí dentro del envase y la idea es que se ajuste a quienes somos, nos represente. Un sachet no es lo mismo que un tetrabrick, ni que una botella. Lo más seguro es que el contenido del sachet se trate de un lácteo, puede ser leche o yogur pero nunca cerveza.
El otro día una amiga laburadora, con buena carrera, inteligente, linda, me contaba que no pudo ir al gimnasio en todo el año porque tiene una lesión en una rodilla. Y dijo: — No me soporto en el espejo, está todo caído.
Cada vez que veo uno de los monstruos en los que se convierten las mujeres que acceden a las cirugías y rellenos, se me ocurre un cliché que me repito, que una sociedad machista exige a sus mujeres una identidad de objeto. Objeto sexual. Como la de “Bailando por un sueño”. Una identidad que tiene vida corta. Esos monstruos vendrían a ser objetos sexuales Peter Panes. Que en Europa no se consiguen. Allá es imposible convencer a las damas, porque ellas pretenden otra cosa de sus vidas y entonces se llevan mucho mejor con los espejos. No hay cerveza dentro de sus sachets.
“A vos nadie te quería. Porque vos eras flaca”.
Mis ex compañeras se apropiaron de la imagen de mi envase como ellas dispusieron porque la clave está en el sujeto que mira y no en el objeto. Hay una disociación entre ambos y es bueno que sepamos que no podemos hacernos responsables de las acciones de los demás. Pero sí de que nuestra propia visión de nuestro envase se ajuste a nuestra idea de él y que nuestra idea sea verdaderamente propia y no subyugada a una supuesta “expectativa social”, sometida a una hipotética mirada ajena como a la de un especie de “gran hermano”, el que puso de moda el exhibicionismo de imágenes de nuestros envases en facebooks, flogs, fotologs, etc. La leche sería lo mismo que el sachet y en cualquier momento encontramos cerveza dentro de uno.
¿No es una de las principales funciones del envase, la de contener al producto?

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