“Mi lugar es Caacupé” La Agenda, BuenosAires.gob por INÉS ARTETA

La historia de un grupo de inmigrantes que a la vera del Riachuelo levantó sus ranchos y, también, una capilla de la Virgen de los Milagros, patrona del Paraguay.

La 21/24, Una crónica de la religiosidad popular frente al desamparo,
de Inés Arteta. (Ediciones Continente) 192 páginas. $259.

El padre Pepe cuenta que lo que hicieron fue una Iglesia popu­lar que después fue tomada como ejemplo. En el Equipo de Curas para las villas tuvieron discusiones fuertísimas porque muchos criticaban que trabajaran así, creando espacios. Él les decía que Mugica, Vernazza y De la Sierra no pensarían como ellos. Y lo que hicieron ellos se fue replicando en Flores, en la 31 y en otras vi­llas. Para un chico de clase media, que tiene club, la parroquia no es clave. Pero en la villa, los chicos no tienen nada. Entonces me pregunta si acaso no es más importante aquí la parroquia como lugar de encuentro que en Palermo. Cuando empezaron, los chicos no terminaban séptimo grado. Las escuelas no alcanzaban. Fueron

construyendo salones y centros orientados en la niñez. Trabajaron con los directores de escuelas, con las escuelas 11, la de Lavardén, y la secundaria Joaquín V. González. Se hablaba mal de esa escuela pero era la única que había. El trípode era: centro de salud, parroquia y escuela. La idea era buscar líderes positivos para contraponer al negativo. Los lemas eran la paz, el no a las drogas. Organizaban clases de catequesis, murga, fútbol, maratón; y todos iban a la Comunión. Fueron años felices.

Para la fiesta de San Juan, trajeron a Juan el Bautista, que es como San Cayetano acá. Al festejo que había, le dieron más contenido religioso. Hicieron la capilla de San Juan en Tierra Amarilla. Adaptaron algunos juegos que eran muy riesgosos, como el de pisar las brasas, que si tenés fe, no te quemás. Un borracho se quemó tanto que tuvo que venir la ambulancia. Lo mismo la “pelota tatá”. Los inmigrantes paraguayos no entendían que acá te pueden hacer juicio si le quemás la casa a otro.

Cuando Bergoglio mandó a Sebastián (padre Sury) a Oculta, quedó unos meses solo. Quería que vinera a acompañarlo alguien que estuviese de acuerdo con el proyecto. De (el padre) Toto él era amigo. Entonces le preguntó primero a él y después fueron a ver a Bergoglio.

La idea era llegar a cada rincón del barrio con una propuesta. Sin dejar entrar a la política. Los paraguayos se peleaban mucho entre colorados y azules. Villar era el prototipo: estaban los que lo defenestraban y los que decían que robaba pero hacía cosas buenas, esa frase tan argentina. Él trataba de no meterse. De ser independiente. Villar iba una vez al año a tomar mate y charlar. Trataba de demostrarle que podía dominarlo. La 21/24Por ejemplo, se anotaron en uno de los planes para obtener una casa. Villar lo llamó y le reprochó que no hubiese hablado primero con él. Pepe argüía que si ellos querían hacer algo en el barrio, antes tenían que pedirle permiso. ¿Y vos quién te creés que sos? —le dijo—. Vos sos un sinvergüenza.

La parroquia era su karma. Cada vez que inauguraban algo, decían que lo habían hecho sin ningún apoyo político, sin ningún “clavo” de la Mutual. Villar tenía punteros, que en general era gente buena. El padre Pepe tenía buena relación con la mayoría de ellos. Pero todo eso estaba dirigido “desde afuera”. Por jefes de gobierno como Aníbal Ibarra, que nunca “bajaron” al barrio como corresponde. Se creían que conocían la villa porque jugaban un partido de fútbol con ellos. Nadie que trabaje para la villa desde su escritorio, entiende lo que pasa en la villa.

El padre Pepe, con nostalgia al recordar sus años en la Villa 21/24, “su lugar en el mundo”, sigue contando que allá, ellos iban reaccionando a las situaciones que iban surgiendo. Tenían dos chicos adoptados, por ejemplo, hijos de una madre que vivía en situación de consumo y vendía droga. Querían que los pibes vivieran con una familia de la parroquia, pero la psicóloga, desde su escritorio, decidió que era mejor que volvieran con la madre. Uno de ellos murió enseguida; mató a un policía y lo mataron a él.

Los hogares de Caacupé dieron respuesta a situaciones como esa; chicos huérfanos o con madres así. Lo mismo el Hogar de Hombres: surgió porque un invierno muy lluvioso y frío, el padre Pepe dejó dormir en la iglesia a unos borrachos que no tenían casa, con la condición de que no tomaran. Y un día la gente empezó a quejarse. Porque a la parroquia va la gente muy temprano a rezar y se encontraban con una baranda a vino tremenda y botellas detrás de los santos. Entonces hicieron la primera casa para hombres.

El dinero venía de otras parroquias. Por ejemplo, la Casa Amarilla la compró la iglesia del Socorro, en Barrio Norte. Se enteraron porque iba gente de distintas parroquias de Buenos Aires a participar del apoyo escolar y otras cosas. La Villa 21/24 era la única abierta a otras parroquias. Al empezar a venir para eso, dijeron que querían colaborar con algo más y el padre Pepe les dijo hace falta una casa para misioneros. Ellos le dijeron, danos tiempo. Y al final la hicieron. Eso es un ejemplo de cómo trabajaban. Todo se hizo con el apoyo de Bergoglio, que les permitía inaugurar e inaugurar.

Otro ejemplo son los Exploradores: en 1998 el Padre Pepe quiso hacer un grupo para chicos que tuviera pautas de vida fuertes para contraponer la informalidad del barrio. Habló con los scouts para ver si el grupo de Caacupé podía unírseles pero les pusieron problemas. Los de Don Bosco les pedían cinco años para poder formar parte del grupo de ellos. Entonces hicieron uno sui géneris con Dani Romero, que fue fundador. Le hicieron un fundamento con bases de los scouts y de Don Bosco. Le hicieron insignias y el pañuelo con los colores del manto de la Virgen. Hacían campamentos “gasoleros” a Claypole, a Tandil, a Sierra de la Ventana. Un día tuvieron la oportunidad de ir a Bariloche. El padre Pepe dudaba. Se decía: ¿cómo llevarlos a un lugar tan lindo si seguramente nunca más puedan ir a un lugar así. Lo pensó mucho. Lo habló con (el padre) Toto. ¿A vos qué te parece?: “A mí me parece que si hoy tenemos la posibilidad de ir a Bariloche con los pibes, vamos a Bariloche”.  Y fueron.

Mirta Tomé coincide en que a partir de la llegada de la Virgen de Caacupé, empezó toda la movida de unión del barrio: —Empezó el Grupo Juvenil, las misiones y todo eso. El objetivo era que se unieran los distintos sectores del barrio, que son muchas. Desde esa época, el barrio ya es enorme: está Tres Rosas, Tierra Amarilla, la Loma, La Curva, Zavaleta… Todas esas zonas se empezaron a hacer una con Caacupé. Por ejemplo las bandas que antes se llevaban re mal, ahora empezaron a tener un poco más de respeto y consideración por la Virgen.

Debido al conflicto con la Mutual Flor del Ceibo, en 1999 se produjo el episodio conocido como “la toma”, en el que un grupo de personas ocupó tierras vacías dentro de la misma villa.

El padre Pepe cuenta que muchas personas empezaron a tomar terrenos que estaban vacíos y se generó mucha tensión porque lo hicieron por la fuerza. Lo que pasaba era que los sorteos y las inscripciones en las listas no estaban funcionando.

El gobierno de Fernando de la Rúa había asumido en 1999 en medio de una época de recesión. Esa recesión se dio, en parte, favorecida por la Ley de Convertibilidad, vigente desde 1991, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, que fijaba la paridad del peso de Argentina y el dólar estadounidense. Si bien esa política económica pareció efectiva durante los primeros años del gobierno de Menem, a partir de 1997 comenzó a mostrar sus errores. La crisis de 2001 se dio en el marco de una crisis social, económica, financiera y política, que afectaba a todos los niveles de la sociedad. Sin embargo, su indicio más claro parecía ser que dejaba de existir la “clase media”. La sociedad se partía entre clases alta y baja.

El 19 de diciembre de 2001 hubo espontáneos y numerosos saqueos a supermercados: “Al verlo en la tele —dice Pedro—, el que estudió en la cárcel, me pareció que veía la muerte de la ilusión. Yo estaba en el penal de Sierra, ese 19 de diciembre que murieron 39 personas por la represión de la policía. El presidente De la Rúa decretó el estado de sitio, después renunció y se rajó de la casa de gobierno en helicóptero”.

Alcides cuenta que con la crisis del 2001, “todo explotó en el barrio”. Él se acuerda de la gente corriendo de un lado al otro, gritando enloquecida. Y que aquel desastre favoreció al “reparto y propagación” de la droga. Según él, la droga salía de la estación Retiro y, como siempre, la distribuía la policía. Llegaba hasta el barrio y después se repartía en bolsas de supermercado. Para Pedro, no es casualidad que ese fuera el momento en que la cumbia villera explotara en las calles

Para Pedro, brotó como vía de los adolescentes para resistir y condenar la violencia urbana. Para él, no es verdad que la cumbia villera sea un invento del mercado. No. Es el reflejo de la decadencia en la que cayó la sociedad, las instituciones de la República y los políticos. Los jóvenes necesitan identificarse con algo, eso quién no lo sabe. Y de la cumbia “romántica” de los noventa, con cantantes lindos de pelo largo, apareció la cumbia villera, con cantantes “negros”. Esta nueva cumbia habla de exclusión y marginalidad. Y así, la palabra “villero”, que siempre había venido cargada de menosprecio porque era peor que “pobre” (porque para los de afuera, al villero le gustaba la pobreza, imaginate), en ese momento empezó a levantarse con orgullo.

Las letras de la cumbia villera generan identidad. Retratan historias crueles, complicadas y agraviadas por la exclusión y precariedad de sus protagonistas: los villeros.

Source: Mi lugar es Caacupé

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