Reseña de “Según venga el juego”, de Joan Didion, para Otra Parte semanal

Otras Literaturas, Otra Parte semanal Puede que tuviera todos los ases, pero ¿a qué jugaba?, se pregunta María, la protagonista de Según venga el juego, novela construida con un soberbio y existencialista pesimismo cínico, sobre la idea de que la vida humana es un juego sin sentido. A cuarenta años de su publicación, es considerada un clásico de las letras norteamericanas; una de las mejores novelas en lengua inglesa editadas entre 1923 y 2005, según Time.

Esta segunda novela de Didion, de 1970, trata sobre la pérdida, la confusión y la desconexión de una actriz en un mundo que la considera un objeto sexual. La identidad de María se desdibuja al faltarle el control de sus decisiones y lo percibimos en su “correr”, maníacamente, por las autopistas, sin destino alguno. El escenario es Hollywood, que representa los aspectos negativos de la sociedad norteamericana postindustrial, que pasa a dedicarse al servicio y al entretenimiento, diseñados para llenar el tiempo de ocio con estimulación; Las Vegas, epicentro del juego, y el desierto de Mojave, símbolo del alma humana estéril. María, anestesiada por el dolor de varias pérdidas, va cayendo en la enajenación mental (como el clásico descenso del héroe al infierno), y, forcejeando en un mundo masculino, encuentra el sentido de la vida, al confrontar con su ausencia.

Su primera versión en castellano le correspondió a Emecé, en Buenos Aires, en 1971, con traducción de Nora Bigongiari. Ahora es recuperada por Penguin Random House, con una adecuada traducción al español ibérico de Cruz Rodríguez Juiz.

La novela está narrada en cortos capítulos, –algunos de un solo párrafo–, en un lenguaje sobrio, preciso y acre, perfectamente calibrado y sucinto, que se apoya en palabras relacionadas con el juego y con las tuberías (por un aborto no deseado de la protagonista). El lector debe llenar los vacíos, ya que lo que verdaderamente sucede, sucede fuera de la página. Acaso algunos no toleren la perturbadora agudeza, la mordacidad y la emoción reprimida de la voz narradora, y encuentren a María poco querible. Es una novela para estómagos fuertes. A esa incomodidad, se le suma la sensación del peligro inminente: al comienzo nos enteramos de que María ha matado a un amigo y nos preguntamos si es cierto, cuál es la razón y cuándo sucede.

Es interesante destacar que la novela abre con una pregunta sobre la maldad: ¿qué hace malvado a Iago? La novela moderna no acostumbra tratar el mal como mal en sí mismo, sino que suele estar justificado: todos tenemos nuestras razones para lo que hacemos y así, el mal queda desvalorizado. La protagonista de esta novela lo sabe y entonces entiende que es preferible no preguntar, porque, en el juego de la vida, mientras a algunos les toca ganar, a otros les toca perder. Tan simple como eso. En consecuencia, mejor no involucrarse y consagrarse a encontrar el sentido de la vida en su mero sinsentido.

Joan Didion, Según venga el juego, traducción de Cruz Rodríguez Juiz, Penguin Random House, 203 páginas.

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